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Title: Tragedia de los comunes
Description: Argumento neo-malthusiano para arguir el supuesto carácter insostenible de la propiedad comunal y de modo general de la organización no mercantil de la producción.
Author: Escuela de Marxismo
URL: https://diccionario.marxismo.school/Tragedia%20de%20los%20comunes
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> Argumento neo-malthusiano para arguir el supuesto carácter insostenible  de la propiedad comunal y de modo general de la organización no  mercantil de la producción.



La «tragedia de los comunes», más correctamente, «tragedia del  comunal» o «de los bienes comunales», es un argumento desarrollado por  Garrett Hardin, uno de los neo-malthusianos más influyentes de la  segunda mitad del siglo XX. No se trataba de un economista, sino de un  ecólogo, y es a partir de esta disciplina y su profundo amor por Malthus que publicó el famoso artículo «La tragedia de los comunes» en la  revista Science:

> La tragedia de los bienes  comunales [«commons»] se desarrolla de la siguiente manera. Imagine un  prado abierto a todos. Se prevé que cada pastor intentará mantener el  máximo de vacas posible en el prado común. Un plan así pudo funcionar  razonablemente bien porque las guerras tribales, caza furtiva y la  enfermedad mantenían la población de animales y personas bien por debajo de la capacidad de carga de la tierra. […] Al final llega el día cuando la paz social se vuelve realidad. […] Llegados a este punto, la lógica  inherente de los bienes comunales [«commons» en inglés] causa una  tragedia.
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> Como ser racional, cada pastor busca maximizar su  ganancia. […] El pastor racional concluye que la única estrategia  racional que puede seguir es añadir otro animal al rebaño. Y otro; y  otro… Pero esta es la conclusión alcanzada por cada pastor racional  compartiendo un prado comunal. Aquí yace la tragedia. Cada hombre está  atrapado en un sistema que le empuja a aumentar su rebaño sin límite… en un mundo limitado.
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> [«The Tragedy of the Commons»](https://science.sciencemag.org/content/sci/162/3859/1243.full.pdf), Garrett Hardin, 1968

Se trata de uno de los argumentos más usados por el [ecologismo](https://diccionario.marxismo.school/Ecologismo) hoy en día. Siguiendo la pura «racionalidad económica», los seres  humanos serían incapaces de explotar en común los recursos del planeta  sin actuar como una especie depredadora que acaba con todo como una  plaga de langostas. La tragedia de los bienes comunales aparece en  incontables libros de ecología y ha influido muchas discusiones  económicas y políticas, pero como era de esperar, un mero repaso al  registro histórico y social de la humanidad basta para rechazar tales  afirmaciones. 

Esa fue la crítica que en 2009 le valió un Nobel a Elinor Ostrom. Sin embargo, aunque la falsedad histórica del supuesto dilema era  claramente demostrable, las soluciones propuestas no superaban el  horizonte capitalista ni de lejos. Para conseguir cuadrar el círculo de  una gestión de los bienes comunales tradicional sin superar la misma  economía capitalista que los había destruido, Ostrom y su escuela sólo  podían sugerir pesados [aparatos burocráticos](https://diccionario.marxismo.school/Burocracia). Todo ello con una salsa de intercambios comerciales con cláusulas por  contaminación, así como mecanismos impositivos y financieros varios  contra el cambio climático.

## La realidad de los bienes comunales

En las sociedades agrarias de todo el mundo han existido durante  siglos e incluso milenios mecanismos locales para impedir la  sobreexplotación y para repartir las tierras y recursos comunes entre la colectividad. El mundo campesino siempre fue extremadamente variable en términos de propiedad y mecanismos, incluso entre provincias cercanas.  En las tierras que fueron recientemente conquistadas en bloque,  generalmente se encuentran latifundios y colonos, ya sean en el sur de  Europa, en Sudamérica o en África oriental.

Sin embargo, en las tierras cultivadas establemente (aún teniendo en  cuenta las migraciones) durante siglos por todo el mundo se encuentra  generalmente un mecanismo local muy parecido, el del cultivo de las  tierras por la comunidad con redistribución cíclica de los terrenos  cultivables. El modelo se puede encontrar en la India del siglo XIX:

> Las áreas a cultivar eran  distribuidas al azar […] Si la tierra a distribuir era variable en  cualidad, las autoridades del clan prepararían un número de círculos o  series, consistiendo en tierras buenas, regulares o malas, o  distinguibles de algún otro modo. Entonces los grupos de cultivadores  tenían que tomar sus tierras equilibradamente en cada grupo de calidad.  […] Pero en todo caso, incluso teniendo en cuenta la clasificación del  suelo, la desigualdad en las propiedades no podía ser excluida, por lo  que un sistema periódico de intercambio o redistribución se practicó  durante un largo período.

El principio de tierras explotadas en común y combinadas con parcelas asignadas al azar y redistribuidas cíclicamente entre los diferentes  miembros de la comunidad también se podía encontrar en la Escocia del  XIX y gran parte de Europa antes de los grandes cercados de campos:

> En vez de que cada arrendatario  posea una casa en una granja distinta, un grupo de pequeñas chozas están apretadas juntas en una Township, como en un pueblo rústico. En esta  residen arrendatarios y pequeños campesinos. La tierra alrededor del  pueblo les pertenece a todos en común. Los prados son el campo común  donde pacen todas sus vacas. La tierra arable a veces es cultivada y  cosechada en común también, dividiendo los resultados de la cosecha  entre ellos.
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> Esta es una de las más antiguas costumbres de nuestro país. Es una reliquia de la edad pastoral, o sistema feudal. Pero es  ruinoso para el interés del terrateniente, el arrendatario y el público, según nuestra agricultura ilustrada de hoy en día. Donde las tierras no son la propiedad de Townships, lo son generalmente de Run-rigs.
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> Este modo de ocupar la tierra originó de la misma fuente. Es el resultado  natural de la Township, y sin duda fue creado como una mejora del plan  anterior. En lugar de que la tierra arable sea poseída, cultivada y  cosechada en común, cada individuo tiene una parcela asignada. A veces,  en lugar de una, tiene dos o más, especialmente si la tierra arable es  de calidad desigual. En este caso los campesinos tienen una parcela en  la mejor y otra en la peor parte.
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> En la era feudal, este tipo de  propiedad prevalecía sobre Bretaña y quizás sobre Europa entera. César  menciona que era la práctica tradicional entre los Galos.
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> «General report of the agricultural state of Scotland», Sir John Sinclair, 1816

Los ejemplos decimonónicos podrían dar la impresión de que estos  sistemas desaparecieron por alguna «fuerza» inexorable, pero este tipo  de sistema de redistribución no sólo se mantiene si no es activamente  destruido, sino que reaparece en los campos cuando la dominación estatal se debilita o desaparece. Así ocurrió en Japón del siglo XVIII, cuando  el debilitamiento del poder central permitió la reaparición de los  Iriaichi (入会地), las tierras comunes cuya explotación se asignaba por  lotes al azar y reasignaba regularmente. Algo parecido ocurre hoy en el  sur de India, donde la debilidad del estado permite la existencia de  pueblos con consejos electos que deciden la redistribución periódica de  las tierras y mantenimiento común de los regadíos.

Sin embargo, si algo caracteriza al campo es su heterogeneidad. Los  pueblos en India con consejos electos se encuentran rodeados de pueblos  con pequeña propiedad privada sin rotaciones ni comunal. La escala local de las instituciones las hace inconexas y frágiles ante los ataques de  una clase dominante.

En Francia, aunque los señores feudales permitían la existencia de  «comunidades» campesinas más o menos independientes y hasta muy tarde no se dedicaron a expropiarlas, algo distinto ocurría con la burguesía  medieval. Las ciudades comerciales causaban un gran efecto en el campo  que las rodeaba, los comerciantes compraban y expropiaban los campos  circundantes para hacer pastar ganado. Este ganado servía no sólo para  alimentar a la ciudad, servía sobre todo para proveer a la manufactura  local con la lana para la principal industria de lujo del medievo, la  pañería. Esto ponía en conflicto directo a los campesinos con los  burgueses de las ciudades.

Los campesinos franceses tenían un ingenioso sistema para mantener  sus campos en común: Los pequeños terrenos (generalmente la extensión  rectangular que podía labrarse en un día con un arado tirado por bueyes) que se redistribuían entre los campesinos de la comunidad estaban  entremezclados entre ellos y se cultivaban en común. 

Estos se cultivaban en la serie trigo de verano, trigo de invierno y  barbecho (tierra sin cultivar) con una etapa por año y se repartían de  modo que había campos en cada etapa en un año dado. El barbecho se  mantenía para restaurar los nutrientes del suelo con el trabajo de las  malas hierbas y los excrementos del rebaño común. No se restringía el  acceso al rebaño común a ningún campo no cultivado, fertilizando con  ello los campos de todos y asegurando que los animales de todos tenían  suficiente comida. Nadie tenía incentivo alguno para aumentar el número  de sus animales y entrar en conflicto con el resto de comunidad para  vender en un mercado inexistente lejos de las ciudades.

Con el auge de la manufactura pañera, los burgueses empiezan a  comprar y cercar los campos colindantes con las ciudades Normandas a  partir del siglo XIV para hacer pacer rebaños cada vez mayores de  ovejas. La situación es mucho peor en Provenza, donde las grandes  trashumancias se aprovechan de los campos abiertos de los campesinos  para pacer (con el permiso de los grandes señores) a lo largo de su  recorrido. Son los estragos de la trashumancia los que obligaron a los  campesinos provenzales a cercar sus campos para defenderlos de los  ataques de las ovejas que propulsaban el comercio de las ciudades. 

Ni los prados comunes ni las tierras en barbecho estaban seguras. Sin embargo, la inmensa mayoría de la población de Francia seguía viviendo  en el campo y manteniendo campos y propiedades en común, como indican  los textos de la época de Luis XIV:

> Cada poseedor de una parcela  englobada en un «barrio» de parcelas igualmente orientadas cultiva -y no puede ser de otro modo- en las mismas fechas que sus vecinos, y  practica el mismo ciclo de rotación. Cuando el campo estaba en barbecho o lleno de rastrojos, se abría – y aún es así hoy en día [1931]- a todo  el ganado del pueblo sin distinción, como decía el jurisconsulto  Laurière bajo Luís XIV: «cuando la cosecha ha sido recogida, la tierra,  por una especie de derecho de la gente, se vuelve común a todos los  hombres, sean ricos o pobres».
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> «Les caractères originaux de l’histoire rurale française», Marc Bloch, 1931

La situación fue mucho peor en Flandes, donde el cercado de campos  alrededor de las ciudades comerciales fue mucho más extenso y los  campesinos se vieron muchas veces reducidos a participar en la industria textil doméstica para abastecer a las ciudades. Y es de aquí a finales  del siglo XVII de donde saldrá una de las principales fuentes de lo que  más tarde se desarrollará como la ideología capitalista.

## El origen malthusiano de la «tragedia de los comunes»

No es casualidad que Hardin usara como inspiración el ensayo de un  economista inglés publicado en 1833, en plena campaña ideológica para  acabar de expulsar a los campesinos del campo y hacer pasar las nuevas  «Poor Laws» metiendo por la fuerza al nuevo proletariado británico en la manufactura.

Después del choque económico causado por la entrada de cantidades  ingentes de metales preciosos de América, la inflación de precios causó  una bajada en los ingresos de la nobleza, porque las rentas a pagar por  parte del campesinado estaban establecidas por tratado y no por el  mercado. Muchos aristócratas y no pocos burgueses empezaron a dedicarse a la mejora agrícola y adquisición de campos a partir del siglo XVII.

Los primeros tratados de agricultura salieron de las grandes ciudades comerciantes, primero de Venecia y luego de Flandes para luego  extenderse desde Inglaterra hasta Francia. Los señores iniciaron  mercados de alquileres para incrementar la productividad de sus  arrendatarios y se aplicaron los descubrimientos de la nueva ciencia.  Era posible aumentar la productividad de las parcelas haciendo  rotaciones con tréboles (leguminosa que fija nitrógeno) y nabos, que  podían venderse además en el mercado naciente como forraje para obtener  dinero.

Los nuevos cultivos rompían el ciclo de la agricultura comunitaria.  Ya no había campos en barbecho, sino que había que cercar los campos  para que los rebaños comunales no se comiesen el forraje de los campos.  En el XVIII, el nuevo movimiento de los fisiócratas en Francia haría el  máximo de proselitismo para que los curas de cada parroquia rural  anunciasen las bondades de la mejora agrícola y el cercado. Pero las  inversiones para adquirir más hectáreas y emplear braceros no salían  gratis, por lo que los fisiócratas impulsaron el endeudamiento de buena  parte del campo. Todo esto mientras fisiócratas y economistas ingleses  intentaban unificar el mercado nacional para permitir la circulación y  acumulación del capital a nivel nacional.

Sin embargo, aún quedaban campesinos arrendatarios que defendían y  usaban las tierras comunales, como bien indica el texto de arriba sobre  los «run-rigs» en 1816. La ola de expulsión final del campo en Gran  Bretaña concuerda no por casualidad con el triunfo definitivo de la  «Economía política» (= teoría económica). Para conseguir pagar sus  deudas y rentas, gran parte del campo había pasado al monocultivo de  trigo. Debido a ello, las malas cosechas y la volatilidad de precios  durante las guerras napoleónicas arruinaron a millones de pequeños  productores que se vieron obligados a vender sus campos a los grandes  propietarios. Algo similar pasaría en el sur de Francia más tarde,  cuando el monocultivo de viñedos fue arrasado por la filoxera. 

Pero los economistas malthusianos tenían planes, grandes planes.  Finalmente consiguieron la abolición de las ayudas al campesinado en  1834 para, abiertamente, proveer de fuerza de trabajo circulante a la  industria. Todo en nombre de reducir la fricción y mejorar el  funcionamiento de la «gran máquina social»:

> La teoría pura nos inculca la  tendencia natural y necesaria hacía un ajuste justo [de los precios],  ignora las dificultades intermedias fuera de cuestión, como las  fricciones un problema mecánico; y justamente condena la locura de  intentar rectificar la desigualdad por la ley. Pero las leyes, aunque no puedan rectificar el problema, pueden empeorarlo. Esas mismas  fricciones pueden ser resueltas con esmero y arte. […] Por lo tanto el  trabajo de un obrero manufacturero es un bien transmisible comparado con el de un campesino. La competencia instruye al propietario sobre su  valor y circula libremente por aquellos distritos por el cual se le  necesita.
>
> Edward Copleston, 1819

Aunque la burguesía, después de su victoria, pasaría a pretender que  la tendencia a la privatización y sobreexplotación era parte de la  naturaleza humana, lo que se estaba naturalizando era una victoria  aplastante de la clase dominante sobre los explotados.

## La tragedia de los comunes, la «naturaleza humana» y el capitalismo

Lo que la moral burguesa llama pretenciosamente «Naturaleza humana»  no es otra cosa que la racionalidad capitalista. En la realidad, el  problema de la burguesía no era que los pastores o los agricultores  sobre-explotaran el comunal y el sistema entero colapsara, sino lo  contrario: el sistema era demasiado estable como para permitir que la [mercantilización](https://diccionario.marxismo.school/Mercantilizaci%C3%B3n) avanzara. 

Los campesinos no tenían ni ganas ni necesidad de convertirse en jornaleros, braceros ni obreros industriales. Y sin [absorber su trabajo bajo la dirección del capital](https://diccionario.marxismo.school/Subsunci%C3%B3n%20formal%20y%20real%20del%20trabajo%20en%20el%20capital) era imposible redoblar la productividad rural incrementando la [explotación en términos absolutos](https://diccionario.marxismo.school/Plusval%C3%ADa%20absoluta). Sin alimentos baratos, [convertir a los propios campesinos en obreros industriales](https://diccionario.marxismo.school/Proletarizaci%C3%B3n) haría la estructura de costes inviable a la nueva manufactura.

Cuando la burguesía consigue destruir las comunidades de tierras en  cuantía suficiente como para forzar este doble movimiento de  sobre-explotación campesina y migración masiva, necesita romper además  las protecciones estatales contra el hambre... porque hasta vivir de la  escasa beneficencia pública era más atractivo que convertirse en  proletario industrial. La burguesía necesita entonces argumentar una  nueva moral que afirme que el hambre y la miseria que estaba provocando  eran en realidad «incentivos» para el [progreso](https://diccionario.marxismo.school/Progreso), poniendo al mismo tiempo la responsabilidad sobre los hombros del  trabajador. Thomas Malthus y Jeremy Bentham serán los teóricos de esa  nueva moral capitalista que afirma un nuevo tipo de «racionalidad» y con ella una nueva «Naturaleza humana».

Cuando casi siglo y medio después Hardin busque argumentos contra la  propiedad comunal, solo tendrá que dar por hecho que la «Naturaleza  humana» siempre ha sido la racionalidad capitalista para demostrar...  que la realidad histórica era «imposible». Esa es toda la jugada debajo  de la «tragedia de los comunes». Y lo que es peor, también bajo la  crítica de Ostrom que, incapaz de pensar el comunal en otro marco de  relaciones sociales, intenta acompasar las instituciones históricas de  la producción comunal con el capitalismo que las destruyó, a base de  justificar [burocracias](https://diccionario.marxismo.school/Burocracia), expertos y complejos sistemas que requerirían una capa gestora especializada.